LAS EXONERACIONES A SENADORES y DIPUTADOS.
Ing. Leonel Rodríguez Ureña
Hace nada mas y nada menos que catorce años, con unas tres mil firmas, apareció en la Prensa Nacional la formación de la “LA CLASE DIFERENTE ”, dando cuenta de la necesidad de promover transformar pacíficamente pero con firmeza, todo el acostumbrado estilo gubernamental de favorecer a unos cuantos. Tratábase pues de propender hacia las realizaciones honestas que para el mejor bienestar conlleven al buen uso de los escasos recursos del erario público. Recuerdo que el notable intelectual Federico Henríquez Grateraux editorializó favorablemente desde el matutino El Siglo, haciendo la salvedad de que dado el propósito del engendro, lograr en la ocasión su alcance era irrealizable en ese momento. Claro que se refería a la dificultad para cambiar las raciones partidarias. El que suscribe fue uno de los firmantes.
Ha llovido mucho desde entonces y hay ahora una avalancha de ciudadanos que ya exteriorizan indignados la necesidad de que en la administración gubernamental cambie el estado de cosas beneficiarias para los que disfrutan el poder. El pueblo se está resistiendo.
Entre los planteos de La Clase Diferente , estuvo, ¡¡hace 14 años!!, que a los legisladores no se les debe conceder la exoneración de vehículo alguno. Que el transporte a disposición de senadores y diputados debe ser suministrado por el Estado como pertenencia del Ayuntamiento cabecera de provincia, que lo asignará al elegido.
Se cuestionaba precisamente al firmante acerca de qué cuántas exoneraciones a él le otorgaba el gobierno. Algunos contestaban que las mismas “no se les daba a los pendejos”. Se cuenta que alagados se adherían.
Inscribí mi nombre y firma sin anotar mi número de cédula, pues se requería no incluirlo a fin de que nadie pudiese usarlo con otros fines.
Se me ocurre que La Clase Diferente debe activarse hacia gestionar que nos convirtamos en una nación. Pienso que adherente con mas arraigo aun, será, para que se erradique esa improcedencia de conceder exoneraciones, que incluso se venden.
¡¡¡QUE MARAVILLA!!!, mientras los desheredadazos, se los lleva el diablo.
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