A
LA INSEGURIDAD LA AUPA LA IMPUNIDAD Y EL MAL EJEMPLO. EL CODIGO PENAL NO ES
MALO. SE CONFUNDE EL CONCEPTO DE LA PRUEBA.
I
En realidad alaga ver disposiciones
tendentes a recuperar la maltrecha seguridad ciudadana, como lo exige el pueblo
todo, y lo anhela el Presidente. Sin embargo la fiebre no está en la sabana, se
aposenta en la falta de oportunidades, haber existido un cuerpo ejecutivo indiferente
y cómplices algunos en los estamentos encargados de monitorearla y
proporcionarla.
Muchas acciones punibles las realizan gente
sin quehaceres, faltos de educación y de asistencia, es cierto.
Pero ¿Qué nos falta ya, dicen
comunicadores, si de hecho, múltiples mayores actos delictivos están
encabezados por los llamados a evitarlos y combatirlos?
El asunto no es cuestión de los bajos
sueldos, que deben mejorarse, es asunto de la arraigada cultura del ejemplo que
un superior da a su subalterno. Entonces “como la impunidad y la
mala aplicabilidad de las leyes me protegen, me convierto en rico, y en
poco tiempo salgo.”
Damos pena, no se
entiende, que no es solo instrucción,
sino que el éxito de los pueblos necesariamente educados
ha radicado en su
idiosincrasia. En sus atributos éticos.
Aquí la
corrupción o se para en la puerta del despacho presidencial, o al incumben te
no le importa el comportamiento de sus funcionarios y los deja al garete.
Entre otras, galoneados
decidieron vgr. apropiarse de vehículos; bien gracias, y sus dueños verdaderos
pasaron las de Caín.
Algunos jueces se descarrilaron al dictar
sentencias divorciadas de las certezas jurídicas; por ¿incapacidad, soborno, o
complacencias políticas? Empero justo es señalar que es el sector que más se ha
adecentado, muchos fueron separados de su cargo.
“Defensores del Interés
Público” se aposentan para cometer
desafueros porque ni siquiera se les amonesta, “se cuelgan del alma a infractores” y ambos salen ilesos, uno saciado y el otro sabedor que de una u
otra forma se le extiende patente de corso.
Se producen acontecimientos increíbles: Un
Ministerio Público que trata de archivar el caso de una maquinaria robada, a la
cual se le saca matricula con datos combinados de dos vehículos diferentes,
validados por un contrato notarial supuestamente firmado por un distinguido
vocero palaciego, que notarialmente le aclara al fiscal que ni siquiera es
abogado y mucho menos notario, y sin embargo el ministerio somete archivar el expediente
por falta de pruebas.
De ese mismo fiscal, un muy serio Senador
de La República denunció un cúmulo de barbaridades ejercitadas, y nadie le hizo caso. Sigue orondo.
Realmente, ¿qué clase de país somos?
Sr. Presidente
Ud. que ha mostrado otra tónica distinta, disponga en lo medular; está en juego
el futuro preciado de nuestros hijos.
La inseguridad no
será minimizada hasta que no se trunque la impunidad.
Copias:
Honorable
Presidente Constitucional de la República
Procurador Gral.
SCJ
Congreso
Obispos
Organizaciones de
La Sociedad Civil
Medios de
Comunicación/Personalidades
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